Hace 75 años, un 17 de octubre de 1951 se lanzaba bajo el nombre de Canal 7 la televisión argentina. Cuatro años después, en septiembre de 1955 llegaba el televisor a casa. Un aparato norteamericano de marca Sylvania, que además tenía radio y tocadisco, todo en un mueble de madera muy fina, que aún conservo en casa donde guardo vajilla. Creo que fue el primer televisor del barrio donde vivíamos, en La Lucila, al menos fue el primero, entre las casas de mis amigos, que después de jugar a la pelota, traspirados y con botines nos sentábamos en el piso del living de casa, todos entre 5 y 7 años de edad a reirnos con “Los Tres Chiflados” y “El Gordo y el Flaco” y después con “Cisco Kid y Pancho”, seguido de la “Patrulla del Camino” (2050 Jefatura, decía la voz de Broderick Crawford).
La primera imagen que tengo salida de ese viejo aparato es la de un hombre a caballo portando una bandera argentina y con el animal en dos patas, en una actitud de destreza por parte del jinete y de vigor de parte del caballo. La otra imagen es la de una mano al lado de una caja fuerte abierta. En la palma de esa mano había una moneda de 20 centavos y otra de 10, una música tétrica de fondo y una voz en off, que con dramatismo decía “Así han quedado las reservas del Banco Central después que el tirano prófugo huyera del país”, corrí a mi cuarto a abrir mi alcancía: conté varios billetes de 10 pesos, los colorados con la imagen de San Martín, varios violetas de 1 peso, un billete de 50 centavos y muchas monedas de 50, 20 y 10 centavos. Aun para la cabeza del niño que yo era a los 7 años de edad cursando primero superior, había algo ilógico: yo no podía tener más dinero que el país.
En el año 2000 mi compañero de la Facultad de Filosofía de la UBA, Enrique Lynch (1948 – 2020) radicado en Barcelona me envía su libro “La Televisión: espejo del Reino”. Efectivamente la televisión ha venido siendo, al menos desde la mitad del siglo XX, un espejo, no siempre veraz de la civilización. Creo que el Partenón, el Coliseo Romano, las Catedrales Medievales, el Big Ben, la Torre Eiffel, la Sagrada Familia, los restos de Hiroshima y Nagasaki, el Muro de Berlín, las Torres Gemelas de New York el 11 de septiembre de 2001, son otros ejemplos de espejos en donde nos miramos.
Nunca quise tener un aparato de televisión en las casas en que he vivido desde adulto. Mi casa es una de muchos libros y los espejos en que me miro son ellos, y las pantallas de la computadora y el celular. Es en éste último donde le pregunto a GPT, “Chatty “(lo llamo) ¿Cuándo y dónde se emitió el primer programa de televisión? y la respuesta fue el 26 de agosto de 1936 en Londres, BBC of course, un programa de variedades llamado “Here’s looking at you”. Chatty ¿cuántos televisores pudo haber en Londres en la fecha de ese estreno? y el sabelotodo Chatty me responde que no más de 400 aparatos, y que la mayoría de ellos no estaban en casas particulares, sino en vidrieras de tiendas comerciales como Selfridges, hoteles, clubes privados o exhibidores públicos, ya que los aparatos eran extremadamente caros para la época, alrededor de 100 libras esterlinas, Oh! my God.
A esta altura del partido, en un mundo bastante raro, como lo viene siendo, parece que desde siempre, si tomamos en cuenta las palabras de Hesíodo que 800 años AC afirmó: “Lo mejor que puede pasarle al hombre después de haber nacido, es descansar varios metros bajo tierra y salir de esta vida espantosa”. Lo tengo presente, sin embargo es un espejo en que suelo no mirarme. ¿Deberíamos?
Cuando se me ocurre buscar una imagen con la que me identifico, siempre caigo en “El Llanero Solitario”, personaje de historieta, con antifaz, recorriendo los extensos territorios del Far West, en compañía de Toro, montado en “Silver” su caballo blanco, sin lazos que lo aten a nada más que su libertad. Mi versión del Llanero Solitario es esa foto que me muestra sobre el techo del tren Siligury – Darjeeling, mirando al horizonte con las motañas por detrás, la libertad por delante y absolutamente desenmascarado; foto tomada por Pierre Passy en algún día de 1980.

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