Le doy vueltas al asunto todos los días. ¿Falta de plata? Sí, eso influye, pero siempre he vivido con poca plata. ¿Falta de ganas? Jamás, me encanta estar vivo. ¿Depresión? No la conozco. ¿Falta de amor? No, elegí ser soltero. ¿Falta de amigos? No, cuento con la compañía de varios a los que amo y me siento querido por ellos y otros no tan cercanos pero queribles. ¿Falta de creatividad? En lo más mínimo, siempre genero proyectos que llevo a la práctica. Entonces ¿qué carajo me está pasando? Hace 3 años y 6 meses que no salgo del país y si tengo un dogma en la vida, es la sentencia griega “Viajar es indispensable, vivir no lo es” y esto es lo que me tiene mal, como encarcelado: es MAL por ESTAR. Tengo alma de gitano, de nómade, necesito moverme, cambiar de panorama. Eso de anclarse, de quedarse es lo que me enferma. Comencé a viajar a los 15 años y el cruzar una frontera, entrar en otra cultura, sentir otros olores, comer otras cosas, hablar en otro idioma, ser negro entre los blancos, ser blanco entre los negros, atreverse a ser otro, el judío errante, la libertad, la exploración, lo relativo de todo, el comprobar que siendo quien uno es , pude haber sido otro, el “no creermela nunca”, eso es lo que me hace estar vivo.
Nací en Recoleta, Anchorena 1872, viví los dos primerops años en Barrancas de Belgrano, calle Echeverría al 1600; 28 años en La Lucila, Bouchard 621; los años 1978 y 1979 en 78 Onslow Gdns. South Kengsington, London; los años 1980 y 81 en Saussine, Lussan, Gard, France; 1982 y 83 en La Lucila, Ada Elflein y Moreno y desde 1984 en 3 domicilios en San Isidro a no más de cuatro cuadras entre uno y otro. Desde 1999 en la casa que habito en la calle Rivadavia a dos cuadras de la estación San Isidro . Entre finales de los 90 y 2020 viajé mucho. Uno se mueve y el único domicilio definitivo es el cementerio Resquiescat in Pace, Rest in Peace, Descansa en Paz. Bien el viaje es hacerle “FUCK YOU” a esa eternidad de no hacer nada, a ese final, a ese silencio eterno. He estado en culturas que creen en la re encarnación, pero ¿de qué me sirve ser el sembrador en un arrozal en un valle del Himalaya en 1537, y re encarnar en el Duque de Kent en 1899, para re encarnar en la prostituta de Falkland Road en Mumbai en 2030 y comenzar cada vez sin recordar quién he sido? Todo mi respeto a quienes eso creen, yo no, yo creo que nos nacen, nos etiquetan con nombre, apellido, clase social, cultura (aquí todas las arvejas, este es el paquetito de yerba Porongatí, estos son los Fernández) y después “descansa en paz For Ever). No me gusta, pero así es la REALIDAD, es que ese es el problema, es mi problema: la REALIDAD. Nadie estudia Filosofía si está satisfecho con la realidad. Si estás satisfecho con la “realidad” sos abogado, te dedicás a la política y hacés turismo.
Viajar es aventura, es permitirse ver y verse desde otra posición. Viajar no es ir a Aruba cinco días con tu esposa, ponerse una guayabera (hasta el nombre me irrita), tomar vodka con pajita desde un coco verde, sacarte una selfie y si sos funcionario público pagando el viaje con dinero del erario Nac & Pop o Liberal Libertario. Viajar es entender que uno es quien ha querido ser pero sabiendo que uno pudo haber sido esa señora obesa y alemana que va a comprar queso a la rotisería de Leipzig, o ese chofer yemenita que maneja un Yellow Cab por las calles de New York, o ese chico que acaba de pasar en silla de ruedas que sueña con ser Messi y en ello va la empatía con la humanidad.
Amo la vida, detesto la muerte y me rompe las pelotas la REALIDAD. Además acabo de cumplir 78, me quedan 31 años de vida y no estoy viajando. ¿Cómo sé que me quedan 31 años? Viajá Campeón y vos también podras saber cuántos te quedan. Pero viajá, salite de vos.

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