OTRA VEZ LAS ISLAS

Mi historia con las Islas Malvinas comienza como para todos los argentinos (creo) con el mapa que en el colegio primario había que calcar y al final siempre venían esos dos manchones enfrentados, alejados de la costa y había que escribir con plumín y tinta china ISLAS MALVINAS. Uno se enteraba que estaban en manos de los ingleses, y seguía con su vida. Si por otra parte, uno iba a un colegio bilingüe, donde además del idioma, tenías historia, geografía y aritmética en inglés, uno escuchaba “But for the British they are called The Falklands” y también uno seguía con su vida, porque no había, al menos en mi familia y en mi experiencia escolar adultos nacionalistas o profesoras inglesas colonialistas. En el colegio secundario, también aparecían las islas en Geografía Argentina, pero si bien se hablaba que desde 1833 estaban en manos de los ingleses y de la expulsión de Luis Vernet, cuya casa estuvo en San Isidro a pocas cuadras del Colegio, en lo que hoy es la quinta La Porteña en Belgrano 839, que fuera residencia de Margarita Perkins de Anchorena, tampoco tuve ningún profesor/a exaltado por el nacionalismo, y uno seguía con su vida. Y uno estudió en la Universidad y se enamoró y como es obvio sufrió y se volvió a enomorar y comenzó a viajar y viajó mucho, porque al menos yo siempre he tenido mucho de nómade y poco de sedentario, bastante de amante y nunca de esposo, mucho de aventurero y de cigarra y no de hormiguita trabajadora y ahorrativa, mucho de lectura y nada de comerciante, mucho de carpe diem y no de previsor para cuando seas viejo, mucho de no peronista y después de López Rega, e Isabelita y guerrilla Montonera mucho de antiperonista y un día el 1 de mayo de 1978 llegué a Londres en una mañana de lluvia torrencial “As it has to be in London”, y como todo lo que yo inicio en día de lluvia se transforma en éxito, alegría y entusiasmo y siempre lo siento como un buen augurio, estudié, viajé, me sentí “at home” desde el primer día y si alguna vez fantasié con la re-encarnación, no seriamente, pero jugando creo que “volvía a mis lares y buscaba mi castillo en Kent”, porque todos los que juegan (deliran, sospechan o están convencidos de haber ya estado aquí en otra vida) siempre han sido condes, duques, marqueses o reyes y sus femeninos correspondientes y yo no iba a ser la excepción “I have been the Duke of Kent” decreté y a cagar. Y después vino Francia y el resto de Europa y los seis meses en India, y un día sabiendo que mi padre se iba a morir por un vidente que me lo aseguró y así fue y regresé y a los pocos días, cuando fui a comprar media lunas para el desayuno, el panadero orgulloso me dice “Estamos en Guerra, hemos invadido las Malvinas, nos hemos puesto de pie”, yo en cambio casi me caigo de culo. Y ahí empezó el 2 de abril de 1982, el nacionalismo, el patriotismo exacerbado, los piratas ingleses y yo amaba a Mrs Kember y su Doll’s House, y las manos rugosas de Mrs. Guedes y la brillantez de Miss Solares y mi departamento del 78 de Onslow Gardens en South Ken y mis almuerzos en Covent Garden, y mis comidas al lado de la chimenea en The Mermaid en Rye y el verde de Somerset, y lo salvaje de Inverness y lo misterioso de Edimburgo y la literatura inglesa y a Pamela Steel y mi viejo se murió de un infarto masivo el día que la batalla que íbamos ganando, casi mágicamente se transformó en derrota y el viejo no lo soportó y se murió de vergüenza, a pesar que las malas lenguas familiares han dicho que su corazón falló porque su hijo (es decir mi bruta e insignificante mismidad) había regresado a la patria después de cuatro años con 4 U$S. Desde 1982, cada 2 de abril ahí aparecen y en 2017, me subí a un avión hasta Santiago de Chile y a otro hasta Punta Arenas y a otro hasta The Falklands y me estamparon un sello con un pingüino y a la salida con una gaviota o al revés y después, de ocho días en absoluta soledad y en un lugar desangelado, y aburrido donde cayeron ellos sí, por la patria, gente valiente y muy joven que desde entonces no llamo ni Malvinas ni Falklands sino Falkinas aunque nadie se entera porque nadie me lee, pero igual uno sigue con su vida y los Kirchner ya me transformaron en gorila furioso, y de pronto el jueves pasado 3 de septiembre una cadena nacional de 15 minutos con un astuto Presidente se explayó con sobriedad más sajona que mileísta sobre lo “sagrado” de la causa Malvinas y cuando ya meten lo sagrado y el ser nacional y los piratas colonizadores y consideran a la astucia, que no es otra cosa que los que buscan el poder consideran inteligencia, yo ya tengo ganas de estar en un claustro de un convento medieval leyendo a Kant o a Wittrgenstein porque ya no soporto que nadie me entienda que el altruísmo y no la astucia es lo que hace libre al ser humano y que el altruísmo y la libertad son la inteligencia de quien no busca el poder sino el placer que significa CELEBRAR LA VIDA y no otra cosa, pero en fin, tendré que tomar una decisión porque This is Too Much y siempre fue, es y será lo mismo, CARAJO MIERDA.

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