El sábado pasado fue un día, que la gente denomina “destemplado”: cielo gris, amenaza de lluvia, no frío, pero sí húmedo, yo los llamo días “híbridos”, lo que los argentinos llamamos “ni chicha ni limonada”. Me gusta el cielo gris, me gusta el frío, me encanta la lluvia, en fin fue climatológicamente hablando “híbrido”. Productivamente muy bueno, subí el artículo “Los innumerables fines del mundo”, que ahora me doy cuenta tendría que haber escrito “finales” y no como escribí “fines”, ya que por un lado fin/fines puede ser confundido con objetivos, propósitos y parecería ser que el mundo no tiene objetivo o propósito o sentido alguno y por otra parte “finales” hubiera sido más efectivo por lo que está transcurriendo mundialmente, estamos en los finales de la copa mundial de futbol. El objetivo, propósito o sentido se lo damos nosotros. Me pregunto ¿es verdaderamente así?
Bien abrigado, porque a mí me gusta el frío porque me encanta el fuego de la chimenea, las comidas del invierno, dormir mullidamente y sin el amenazante mosquito y salir con bufanda, guantes y abrigos, es decir me encanta el frío pero no cagarme de frío. Ocupé gran parte del día en estudiar a la familia florentina de los Medici, por dos razones por Catalina de Médice (1519 – 1589) casada con Enrique II de Francia, me interesaba su influencia en el refinamiento en la cocina y la mesa francesa, pero además porque el fundador de la dinastía política Cósimo (o Cosme) de Medice (1389 -1464) que fue el primero de la familia en gobernar la República de Florencia y porque con él se consolida política, económica y metafísicamente lo que hemos llamado “la modernidad”. Políticamente, en tanto que ocupan el gobierno que tradicionalmente estaba a cargo de una oligarquía conocida como “los gordos” liderados por los Albizzi y los Medici de origen campesino, luego prósperos comerciantes y ya con su padre Giovanni di Averardo (1360 – 1429) importante banquero y usurero (tarea considerada ésta última pecado mortal por la iglesia), pero que hábilmente consigue eludir inventando el tipo de cambio que es uno de los aportes económicos de la modernidad donde el capitalismo se consolida en el poder y el arte en propaganda y metafísicamente porque con los Medice el hombre pasa de ser siervo de Dios a buscador de Dios. (Abro aquí un paréntesis, Silvina Bullrich en “Los Burgueses” dice algo muy interesante “La Argentina es el único país donde la burguesía surge de la clase terrateniente y no al revés como ha sucedido en en el mundo) y vaya como ejemplo esta familia florentina, campesinos, comerciantes, banqueros, gobernantes, dos Medici: Catalina casada con el rey francés Enrique II y madre de los reyes franceses Francisco II, Carlos IX y Enrique III y Maria de Medice (1575 – 1642) segunda esposa de Enrique IV y madre de Luis XIII.
A Cósimo, gran promotor de pintores, arquitectos, fundador de la Academia Platónica, patrocinador de filósofos hebreos, musulmanes y cristiamos, maestros del hermetismo, la alquimia y la cábala, padre de Piero de Medice (1421 – 1469) quien engendró a Lorenzo “El Magnífico”(1449 – 1492). Pra consolidar el poder la casa Medice aportó a la Iglesia de Roma dos Papas, León X (Giovanni Lorenzo de Medice) (1475 – 1521) que muy moderno expresó “Me han dado el papado, pues a gozarlo” y Clemente VII (Giulio di Giuliano de Medice) (1478 – 1534).
Seguí leyendo, hice una pausa para almorzar, leí el diario y entonces los lugares de los poderosos Medice fueron ocupados por Donald Trump, Gianni Infantino, Chiqui Tapia, Lionel Scalloni, Lionel Messi, Javier Milei y su La Jefe, Las Malvinas, la Justicia argentina y todos estos individuos que como aquellos renacentistas son hiper ricos, y generan redes de intereses a veces santas otras no tanto y muchas veces criminales y delincuenciales. Me llamaron de Londres y de New York, recibí a una compradora de jarras de pingüinos, volví a los Medice y ya oscurecido el día vi que Netflix ofrecia “3.10 to Yuma”, un western que me encantó cuando lo vi por primera vez a los 12 ó 13 años en el cine York en blanco y negro, película estrenada en 1957 dirigida por Delmer Daves con Glenn Ford y Van Helfin y su remake de 2007 de James Mangold con Russell Crowe y Christian Bale que es la versión que por segunda vez vi ayer y me volvió a encantar y que en mi fantasía me hubiera gustado que Ludwig Wittgenstein la hubiera visto en Londres, él que tanto amaba los westerns. La película, además de los escenarios típicos del “far west”, presenta el ancestral conflicto; muy marcado en los Estados Unidos; entre padre e hijo que se resuelve con la muerte del padre (no simbólica, en este caso) sino concreta, el padre, denostado al principio por su hijo de 14 años, se siente orgulloso de la acción de su padre, por haber defendido con su vida, la ley, las instituciones; muere en brazos del hijo, que tomará su lugar. Se va el tren con el malvado criminal que sube al coche del tren de las 3.10, aunque queda claro que éste eludirá la cárcel; en fin, el bien y el mal THE END.
El domingo fue un día de estudio, cerré el capítulo de los Medice, con lo que quería y me dispuse, creo que como gran parte del país a ver la Final 2026 de la Copa del Mundo. Acabo de volver a casa después de un partido que me pareció a nivel futbolístico muy malo de nuestra parte, bien jugado por España que se convirtió en Campeón y en mi opinión debió habernos ganado 3 a 0 en vez de 1 a 0. Salimos segundos por cuarta vez desde 1930 y ganamos tres campeonatos en ese período. Bien, salir segundo entre 48 equipos no está mal, todos queríamos ganar, pero no se pudo. El llanto de Messi lo comprendo, el de Scalloni, por quien siento un aprecio y le estoy muy agradecido por la alegría, no me agradó demasiado. Se lucha, se gana, se pierde, no se llora: THE END.

Deja un comentario