Hay veces que uno escucha conversaciones al pasar, son como colgajos de palabras. Voy en la bici a la altura del Muelle de Pacheco, paso a dos señoras alrededor de 50 años y “…bueno, el Apocalipsis, el fin del mundo, profecías enton…” sigo mi pedaleada hacia el playón después de la calle Paraná hacia Olivos, donde está la mayoría de los pescadores y me bajo a observar una caña que se dobla demasiado y el pesacador tira, pero se nota que hay lucha de parte del todavía pez que se resiste a su triste condición de pescado. Gana el pescador y un soberbio ejemplar de dorado queda dando saltos en el cemento. La alegría del pescador que me dice “este debe ser de más de tres kilos”, lo felicito sigo pedaleando. Le llegó el fin del mundo, al que momentos antes nadaba con vigor por las plácidas y marrones aguas del estuario más grande del mundo, de unos 30.000 km2, donde podrían caber perfectamente los Países Bajos (que en realidad es uno solo: Holanda).
Ya en casa me pongo a divagar: la verdad es que el fin del mundo ocurre a cada rato; aplasto con el dedo a una hormiga, de esas chiquitas, “fin del mundo hormiguita”, pienso en Machu Picchu, esa ciudadela maravillosa en los Andes, mojón del fin del mundo Inca, ¿o acaso tiene algo que ver el simpático verdulero boliviano de la calle Cosme Beccar con los incas? y las ruinas de Uxmal y Tikal en Yucatán, son el fin del mundo de la civilización Maya. Las ruinas de San Ignacio en Misiones o las estancias jesuíticas en la Chiquitanía, fin del mundo jesuítico, por más que los jesuítas existan. Hace poco un jesuita,fue Papa. El Rey Juan Carlos de Borbón (88 años) en exilio obligado en Dubai desde hace una década, fin del mundo. O acaso los griegos que recorren las calles de Atenas para ir trabajar en una oficina de seguros, ¿miran al Partenón?, ¿saben de qué se trata? Si claro que existe Grecia, pero no es “Grecia” y Egipto y Roma, y el Vaticano no tiene nada que ver con Jesús naciendo en el pesebre y 33 años después muriendo crucificado. Galileo fin de un mundo : “No somos el centro del universo”, desde 1492 en algún lugar de Galicia la pastora Rosario discute con la campesina Amparo, “que te digo que es redonda Amparito de Dios”, “Coño que no Rosarito, que es plana joder no ves la realidad”. El 6 de agosto de 1945 el Enola Gay sobrevolando Hiroshima, a las 8.45 de un día que acababa de ver la luz, le provocó el fin del mundo a 130.000 individuos de viejos japoneses, niños japoneses, japoneses honrados, japoneses tintoreros y a algún japonés hijo de puta y se les hizo de noche para siempre, el mismo número de argentinos a quienes se le acabó el mundo durante la pandemia de Covid de Alberto y Cristina, por no aceptar la vacuna del “imperialismo yanqui” y esperar la del “soviet”, que por supuesto no es yanqui pero sí imperialista o no ha habido fin de innumerables mundos para un montón de ucranianos. El genocidio de Alberto y Cristina aun sigue impune.
Me pregunto que tiene que ver el París de la noche del 23 y el amanecer del 24 de agosto de 1572, donde al menos 10000 hugonotes fueron degollados, violados y torturados en nombre del dios verdadero con el París de Mbappé, Brigitte Macron y la Perrier bien helada en verano. Los mundos terminan a cada instante, no digo que algún día no termine nuestro planeta, pero eso de las profecías del milenio, el Apocalípsis, en fin. El día que nos toque morir, ese es el fin del mundo, sí claro que la gente seguirá tomando yogurt descremado, y otro se recibirá de arquitecto y otra habrá tenido su primera relación sexual y será el fin de la virginidad, y yo seré enterrado y pondrán en la lápida “Totalmente en contra de mi voluntad” y mi nombre.
No sé como habrá seguido la conversación de las señoras cincuentenarias, pero hay veces que hay como una sensación de final, de Apocalipsis, de cambio de paradigma, de decadencia, de temor a que la IA nos supere y se rebele y seamos esclavizados, miren yo lo pienso de esta manera (acabo de ponerle punto final a dos hormiguitas más, a una la llamé Alberto y a la otra Cristina, y esa que iba en busca del pan es De Vido, perdón ha dejado de ser), lo pienso así: seguramente nuestro universo de discurso está acabando, pero me gusta pensar que comenzamos a habitar otro nivel de conciencia, evolucionamos, dejamos de ser nacionalistas, la tecnología nos acerca a ser Humanidad, dejamos de ser ciudadanos de un país determinado.
El mundo de Isabel I reina de inglaterra contemporánea de Shakespeare ya no existe y en poco tiempo más el mundo de Isabel II habrá terminado, no habrá terminado Gran Bretaña y Shakespeare allá como Borges aquí como Goethe en Alemania, como Joyce en Irlanda como Heráclito en Grecia seguirán vivos, porque son la memoria que nos hace saber de dónde venimos y si ponemos atención hacia donde vamos. Y a esa hormiguita también la aplasto y era Jessica Wanda Judith, sí se terminó. Y mañana vamos por la ****.

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