VIVIMOS O ¿RELATAMOS LA VIDA?

Uno viaja, regresa un mes después y relata ese viaje. Una mujer y un hombre jóvenes son alistados en algún ejército, combaten, corren peligro, sienten miedo, no saben si alguno de sus tiros mató. Regresan y cuentan “su” guerra; el estado relatará “la” guerra. Hay un relato religioso: en Occidente es el judeo cristiano, entre los árabes, entre los hindúes, entre los chinos cada uno relata su visión del mundo. Los mayas han tenido su relato, que no es el mismo que el relato oficial del estado mexicano.

Cada país, relata su historia oficial, aunque haya varios relatos dispares sobre los mismos hechos históricos. Yo, como todos, tengo un relato de mi vida; no todos los capítulos son para ser leídos por todos ¿prudencia? Sí. ¿Auto censura?, sí, también; ¿exageraciones? y sí; ¿mentiras? por supuesto. No soy de mentirME, pero tuve que aprenderlo.

Los relatos son presentados como “verdad”.

El viaje que relato ¿fue el viaje?

La historia oficial argentina ¿es lo que sucedió? Bartolomé Mitre,(1821 – 1906) vencedor de Pavón, Presidente de la Nación lo expresa con claridad: “Historiar es Gobernar” y a su historia la hizo palabra oficial: “Historia de Belgrano y de la Independencia argentina” (1857),”Guerra del Paraguay (Memorias Militares)” (1867), “Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana” (1869).

Juan Bautista Alberdi (1810 – 1884) relata de manera diferente, lo que el General y Presidente nos cuenta.

Juan Manuel de Rosas (1793 – 1877) escribe a mediados de 1820 “Instrucciones a los Mayordomos de Estancias” (para consumo interno de los empleados de sus campos), pero lo publica en Southampton, en su exilio británico en 1856.

José Hernández Pueyrredón (1834 – 1886), en 1881 publica “Instrucción del Estanciero”. El territorio es el mismo, el “campo” es distinto; han pasado 60 años entre ambos libros. Hernández le habla a sus pares; Rosas se dirige a sus “empleados”, a los mayordomos. Hernández instruye, educa, aconseja, recomienda, “ilustra”. Rosas ordena, comanda, advierte, amenaza, castiga. Con los pares, existen discrepancias de criterios, se discute y se acuerda. El mayordomo, en cambio, es el vasallo ennoblecido, que termina siendo inflexible custodio hasta de los caprichos de su señor.

En 1820, está la “pampa”, están “los indios”

En 1845, Richard Newton trae el alambre desde Inglaterra para su campo Santa María en Chascomús.

En 1855, se alambra la totalidad del campo “Los Remedios” de Francisco Halbach (hoy Aeropuerto de Ezeiza).

Mitre es Rosas con frac.

Alberdi es Hernández sin campo.

La línea imperante en la Argentina ha sido Rosas, Perón, López Rega- Isabelita, Menem, Kirchner, Kirchner, Milei. Más allá de las diferencias: se ordena, se comanda, se advierte, se amenaza, se acata o se castiga y se asesina. No hay actitud liberal posible, jamás habrá liberalismo con Rosas; siempre llamó a la Constitución “ese papelito escrito”, ni con Perón “Veinte verdades Peronistas”; “El liberalismo extranjerizante, sionista, entreguista y apátrida”; ni con López Rega- Isabelita “No atosigueis a la AAA”; ni en Menem “farándula liberal: Maria Julia en pelotas en Las Leñas,” ni en Kirchner (él) “¿Qué te pasa Clarín?”, ni en Kirchner (la) “A la Doctora se la escucha, se la obedece, no se le discute”, ni en Milei “ensobrados, corruptos, degenerados, chorros, basura miérdica, conspiradores contra las Fuerzas del Cielo”.

Esta línea engendra militantes, es decir “mayordomos”, pero que carecen del antiguo ennoblecimiento. Quienes los dirigen no son reyes, son “grasas”; salvo Rosas (mal que me pese).

La otra línea, la alberdiana, engendra “ciudadanos”, estamos a años luz de poder serlo.

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