En 1992 el antropólogo Marc Auge (1935 – 2023) publica “Los no Lugares: una antropología de la sobremodernidad”, libro que me aburrió, es más hoy lo busqué en la biblioteca y no lo encontré(es muy raro que pierda un libro), pero algo ha de querer decir. Lo que recuerdo es que destaca que las autopistas, las habitaciones de hoteles, los aeropuertos y el supermercado son no lugares, es decir espacios funcionales, de tránsito, carentes de identidad, por los que pasamos como para ir a otro lado, lugares híbridos, sólo necesarios pero carentes de trascendencia. En fin nunca lo entendí demasiado; digo una calle de Londres, Buenos Aires o Berlín en 1910 podría ser también una calle de paso, intrascendente, o acaso no se podría decir lo mismo de un gran mercado en la Edad Media, una posada donde un viajero pernoctó una noche en Edimburgo en 1698, podría ser el equivalente de ese ignoto hotel donde me hospedé por el sólo hecho de descansar en un pueblo de India cuyo nombre no recuerdo. Y ya que estamos “En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme… no es acaso un No Lugar.
A mi me parece que una vidriera de una tienda importante puede ser un No Lugar, no es ni el interior del comercio, ni la calle, “per se” carece de importancia, lo importante es lo que exhibe y sobre todo cómo lo exhibe, y ese es el trabajo de los vidrieristas, que salvo que uno los vea haciendo su trabajo y aún así desconocemos su nombre. Una frontera podría ser otro No Lugar, recuerdo que la primera que crucé fue en el norte La Quiaca – Villazón. La Quiaca me pareció Argenbol y del otro lado, Villazón, parecía Bolitina, no creo que el nacionalismo pueda tener muchos adeptos en esos No Lugares, porque en su diferir son iguales. Se me ocurre un confesionario como otro no lugar, al menos para el pecador, no para el cura (bueno también son pecadores), digo para el que siente culpa y espera ser redimido y aliviado, un confesionario es un No Lugar, pienso que para el sacerdote es todo lo contrario , supongo que ha de ser el lugar donde más poderoso ha de sentirse, su tarea es otorgar una penitencia a un arrepentido, el cura, en cambio, se va con un secreto íntimo, tiene a hombres arrodillados frente a él y a mujeres a su lado, si bien mediante una ventana tejida, donde a lo sumo huele lapiz labial o mal aliento, y alguna fantasía que seguramente tendrá que confesar, o no.
Si se me permite la moneda argentina, es El No Lugar Económico; entre 1970 y 1992, le hemos quitado 13 ceros: En 1970 pesos ley 18.188 pasamos de 100 Pesos moneda nacional a 1 Peso ley (2 ceros); en 1983 pasamos al Peso argentino, 10.000 Pesos ley 1 Peso argentino (4 ceros); en 1985 el Peso argentino se hizo Austral y 1000 argentinos pasaron a ser 1 Austral (3 ceros) y en 1992 llegó el Peso convertible 10.000 Australes 1 peso (4 ceros)) y así llegamos a los 13 ceros en 22 años. No se si Marc Auge estaría de acuerdo, pero si definimos moneda, como el común denominador de los bienes puestos en el comercio, con este tipo de falta de identidad es no sólo lógico sino hasta saludable inclinarse por el dolar y lo más importante es que hace de nuestra economía un No Lugar. Por otro lado el nuestro debe ser el país con el mayor número de millonarios, es más sólo es un país de millonarios y de multimillonarios, estimo que la mayoría de los argentinos tiene 725 dólares que es un 1.000.000 de pesos (si ya sé que hay gente que duerme en la vía pública, también en San Francisco, New York, Londres y París). Podríamos difundir este slogan “Argentina el país donde todos son millonarios con un 40 % de pobres”, esto sí que sería el OXÍMORON NACIONAL Y POPULAR.
Para terminar, acaso nuestras vidas no son un No Lugar, estamos de paso muchachos, o en 100 años alguien se acordará de Adorni, o de vos o de mi. En cambio de Heráclito seguimos hablando.
Bueno suficiente por hoy, me voy a leer a Philip Dick que me lleva a otros lugares.

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